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Un testimonio de la Paz

Hablar de Don Matthias Schmidt, para quién convivió con él, aunque por poco tiempo, es algo muy placentero, sobretodo porque él hace parte del rol de aquellos que dejaron marcas profundas en los caminos de la evangelización en Brasil y en toda la América Latina.
Don Matthias nació a 21 de abril de 1931, en Nortonville, una pequeña y acogedora ciudad de Kansas, en los Estados Unidos. Era ninõ, cuando su padre, Leo Peter Schimidt, falleció, y él siguió con su madre, Ana Weishaar Schmidt, y los hermanos, Leon, Jerome y Lucy, hasta la ciudad de Atchison, donde inició sus estudios, hizo la primera comunión y, más tarde, cuando terminaba la facultad, ingresó en la Abadía de San Benito. Allí hizo la primera profesión monástica en el día 11 de julio de 1955. Y en el día 30 de mayo de 1957 recibió la ordenación sacerdotal.

Un año después, el cardenal Angelo Roncalli fué elegiro Papa con el nombre de Juan XXIII, después e lo cual, hizo un fuérte apelo para que las congregaciones religiosas de Europa y Estados Unidos tuvieran presencia en los países más pobres, entre los cuales estaban los de América Latina. El pontificado de Juan XXIII fué marcado por una efervescencia misionaria iniciada por sus antecesores desde León XIII, en cuyo pontificado tuvo lugar la restauración de la vida monástica en Brasil.

Con la inauguración de Brasilia, el obispo Don José Newton apeló para la Abadía de Atchison solicitando un monasterio benedictino en la futura ciudad satélite de Gama. Fué así que el Abad Cuthbert Mc Donald decidió enviar tres monjes al Brasil, para hacer, en el Distrito Federal, la fundación de un monasterio y de un colegio.

El abad solicitó diez voluntarios con interés en esta fundación, de los cuales serian elegidos tres: Don Matthias Schmidt, Don Otho Sullivan y Don Estevan Burns.

Don Matthias era un joven muy talentoso y la Abadía tenía un plan para transformarlo en prominente maestro de Saint Benedict’s College. Por esto él se había especializado en biología marina y leccionaba en aquella Facultad de la Abadía de Atchison. Mas Dios tenía un otro proyecto para él. Y para que ese plan fuése realizado, él fué enviado al Brasil como Prior de la nueva comunidad.

Al llegar al Brasil, D.Matthias y los dos otros monjes tuvieron que enfrentar un problema: el obispo de la nueva Capital Federal había cambiado de idea y no se interesaba más por lo que quedara acertado con el Abad. Mismo sin haber sido debidamente acogidos en Brasilia, los tres, por invitación de Don Benedicto Cóscia, llegaron a la Diócesis de Jataí, en el Sudoeste de Goiás, donde podrían escoger cualquier una de las ciudades de la Diócesis para instalar el monasterio. No les faltaró el acogimiento y la invitación del obispo D. Fernando Gomes dos Santos para que se radicasen en Goiania. Ellos recibieron también una invitación para asumir el Monasterio de San Benito de Viñedo, que se encontraba en crisis. Mas, el compromiso con el obispo de Jataí estaba asumido, y prevaleció.

La primera ciudad a ser visitada fué la de Mineiros, 430 km de Goiania. Hasta allí se dirigieron con el objetivo simplemente de conocerla, para después viajar a las demás. Mas, al llegar a aquella ciudad, tuvieron una gran sorpresa: casi toda la población se encontraba en la entrada, trayendo carteles de bienvenida. Con esto, ellos quedaran sin opción de continuar el viajen. Y allí se instalaran.
En el año siguiente, 1962, llegaran Don Heriberto Hermes, hoy obispo de Cristalandia – TO, y Don Ralph Koehler, que más tarde se tornaría Abad, en Atehison. En este año fué dado inicio a la construcción del predio del Monasterio San José, que sería inaugurado dos años más tarde, para recibir otros monjes que serian enviados por la Abadía, entre los cuales D.Eric J. Deitchman y D.Lucas Wenzl, que llegarían en1965.

Don Matthias, a más de Prior hacia 1965, ocupó el cargo de Párroco por diez años. En 1972 él dejó Mineiros para tornarse Obispo Auxiliar de Jataí, por cuatro años, hasta ser llamado para ocupar el cargo de Obispo Diocesano de Ruy Barbosa, en el interior de Bahia, y comenzar, allí, a una nueva historia.

Mas, antes, conviene resaltar que la receptividad a los monjes en Mineiros transformó la vida de los mineirenses. El acogimiento a aquellos que traen la Paz siempre transforma la vida de quién acoge. Así fué con Zaqueo que recibió Jesús en su casa (Lc 19,1-9), fué así con Bernabé que acogió Pablo en Jerusalén (At 9,26-28) y con la comunidad de Antioquia, que acogió Bernabé y Pablo (At 11,19-26). Don Matthias era un hombre de Dios que trajo consigo la paz. Él trajo la paz infundida por la vida monástica, por la vida de un hombre de oración, que tiene una mirada de misericordia, que sabe sonreír y extender los brazos para acariñar en el pecho a los niños. Y más aún más consolar a los más despreciados, a los cuales no les quedaba nada más que un gran dolor sofocado en su interior y un corazón aún capaz de clamar por afecto, por ternura y por amor.

En la Diócesis de Jataí, en todos los hogares a los cuales llegaba, Don Matthias era recibido calurosamente por una multitud formada por aquellos a los cuales el sabía acoger de corazón. Lo curioso es que esa empatía generada por el carisma del obispo auxiliar, no fué fácil de ser dirigida y mucho menos digerida por el obispo diocesano, más recatado en la Curia, de donde solo acostumbraba salir para confirmar bautismos de los fieles, en las parroquias o para dar encerramiento a sus movimientos de cristiandad.

La verdad es que los años 70 eran años difíciles para los que se empeñaban en la busca por la libertad. La dictadura, con mano militar tornó el Brasil pequeño para la mayoría de los brasileños. Los que asumían el poder por la fuérza veían en cualquier cuestionamiento a sus propósitos una “subversión”, y eran llevados, apresadamente, a acusar de “comunistas” o de “enemigos” todos los que consideraban subversivos.

Esta visión no dejó de alcanzar también la Iglesia de Brasil. El Papa Pío XII había excomulgado, años antes, todos los comunistas y también los que colaboraban con ellos, enviando a las diócesis y parroquias una circular comunicando este hecho. Como, en esa época diversos misioneros habían venido de los Estados Unidos con el argumento de que iban a liberar esta tierra del comunismo, la dictadura encajó con sus intereses. Por esto, algunos obispos quedaron pasivos delante de lo que estaba aconteciendo, incomodados con un poco más de actión de sus padres y tanbién de sus fieles.

El hecho es que Don Matthias, aún sin tener mucha conciencia de aquello que estaba aconteciendo, quizás porque nosotros viviéramos en una región sin grandes conflictos, era un obispo que se actuaba mucho e iba atrás de las comunidades para celebraba con ellas.
En 1976, fué nombrado Obispo de Ruy Barbosa, en el interior de Bahia, y al transferirse para allí, se deparó con una realidad bien diferente de aquella de Goiás. Era una realidad gritante que lo transformaría en un testimonio vivo de paz, una vez que allí vivía un pueblo del cual ya se tenía robado casi todo y del cual se tentaba robar hasta la esperanza.

Como este nuevo obispo del interior era un hombre que aprendió con San Benito a escuchar los preceptos del Maestro y a dar oídos a los hermanos, comenzó su nueva misión, visitando todas las comunidades y escuchándolas. De este modo, él fué estrechando los más firmes lazos con los pobres. Les tocó el corazón y les dió la seguridad de aquellos que se sienten tranquilos delante de su pastor.

Don Matthias sabía hablar tan bien cuanto escuchaba. Era un excelente comunicador, predicaba con gran carisma y sus homilías eran bien entendidas por el pueblo. Sus expresiones eran claras y llegaban a lo más íntimo de aquellos que tenían hambre y sed de justicia.

Con sus palabras denunciaba estructuras inicuas. Con ellas, hacía la defensa de la verdad y de la vida y así se tornó posible vislumbrar la necesidade de una reforma agraria y la participación del pueblo en las decisiones y de una lucha por la educación.

Mas sus ideas y actitues también incomodaban a los coroneles que exploraban y oprimían al pueblo en el interior y daban el nombre de “paz” a la propia sumisión de los pobres en cuanto estós permanecían inmobilizados. Tales coroneles, muchas veces actuando como “hijos de las tinieblas”. distribuían, bajo las puertas de las casas, por la madrugada, panfletos con tenor y firmas falsas de Don Matthias, como si él fuéra defensor del comunismo e instigador de la violencia (Cf. “Diócesis de Ruy Barbosa”, Ser Semilla, p. 113-129).

Indignado con las manipulaciones de los gobernantes, que se beneficiaban de la seca, y de la mídia, que escondían el hecho de que las personas estaban muriendo de hambre, él no ahorró palabras para apuntar la seca como “problema político” y denunciar el hambre como “el mayor problema de nuestro pueblo” (Cf. Ibid. p. 134-139).
En sus viajes por el mundo, en Roma, él habló sobre la espiritualidad benedictina en el congreso internacional de los abades (1984), apuntando el acogimiento de los hermanos sufridores como forma de servir a Cristo (Cf. FONSECA, Sub specie aeternitatis, p.106).

Juntamente con otros obispos de Brasil, él manifestó una solidariedad constante con los pueblos de América Central, del Caribe y del México, participando activamente de jornadas internacionales. También expuso en los Estados Unidos y Canadá los problemas específicos de los pueblos de América Latina y los problemas comunes, con la misma raíz, vivenciados por los pueblos de América del Norte y de América del Sur, especialmente los relacionados a la tierra.

Este hombre que un día fué preparado por una comunidad monástica para leccionar Biología marina, fué preparado por Dios para donar su vida a los pueblos del más árido interior de Brasil – interior que muchos creen que un día se tornará mar. Conforme sus palabras, en aquel interior ese Nordeste, donde falta agua, el valor de ser biólogo marino “está más perdido que un niño en la floresta”.Él dijo esto para rematar en seguida: “Todavía, aquí he encontrado un valor mayor: ser pastor del pueblo de Dios” (Ser semilla, p.49). Y que grande pastor fué ese que Dios envió al interior y llamó para sí, en la mañana de 24 de mayo de 1992, en cuanto hacía aquello que siempre hizo – y que un benedictino siempre hace en su vida: rezar!

Don Josias Dias da Costa, OSB.
Prior del Monasterio San José
Mineiros – GO

BIBLIOGRAFIA

COSTA, Josias Dias da. “Ellos hicieron la diferencia” InFormAção, v.3, nº 11, p.2. GO, nov./01
“Los 40 años del Monasterio San José” InFormAção, vol.4, nº 11 y 12, p. 4-5,
“Diócesis de Ruy Barbosa” Ser similla memoria y testimonio de Don Matthias Schmidt, monje benedictino y obispo de la Iglesia de Ruy Barbosa, Bahía, Ruy Barbosa, 1992.
FONSECA, Edson Nery da. Sub especie aeternitatis; vida monástica en Brasil y en el mundo. San Pablo: Arx, 2003.


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