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Desafíos a la Paz en América Latina

1. Escenarios que dibujan algunos rasgos del Contexto Latinoamericano
En este Encuentro de personas tan diversas y, a la vez, unidas en los espíritus de Benito y Escolástica, se ha optado por reflexionar sobre un tema que toca las raíces mismas de nuestro corazón monástico: LA PAZ. Por la temática que nos han sugerido, vamos a recordar brevemente los instrumentos que Benito nos ofrece para avanzar hacia el buen celo ese “broche de oro” con que concluye su pequeña Regla.(RB 72)

  • amar con todo el ser a Dios y al prójimo, RB 4, 1
  • honrar a todas las personas, RB 4, 6
  • practicar la misericordia, RB 4, 14-21
  • amar a nuestras enemigas y enemigos y establecer relaciones que busquen la paz y la reconciliación, RB 4, 22-33 y 66-73.
Como personas que hemos prometido fidelidad a la vida monástica, manifiesta en esta reunión en sus múltiples expresiones, dedicamos mucha energía a desarrollar estos “instrumentos” en el corazón y en el contexto comunitario. Hoy les queremos invitar a buscar formas de ponerlos por obra con relación a los desafíos que nos presentan las múltiples formas de violencia que impregnan nuestra región latinoamericana y caribeña.

Queremos iniciar este tema de “Los Desafíos a la Paz en América Latina” con una serie de escenarios. Para San Gregorio y múltiples escritores de la antigüedad, el diálogo se utilizaba como un género literario pedagógico. En esta ocasión presentamos un lado del diálogo y dejamos a su experiencia, sabiduría y creatividad completar la parte que falta. Vamos a imaginarnos cada quien en nuestro monasterio, recibiendo a diferentes personas o grupos de personas, cada una/o con una necesidad particular. ¿Cuál sería nuestro aporte en tales diálogos? ¿Nuestra respuesta a esas peticiones? ¿Qué lecciones sacaríamos del intercambio con la realidad aquí descrita? Como presencia monástica en nuestro contexto concreto ¿Cómo responderíamos al “desafío a la paz” presente en quienes tocan a nuestra puerta?

1. Un hombre de negocios a cargo de varias empresas, que ha venido al monasterio buscando un rato de sosiego en su vida tan agitada, le dice al Abad: “Vengo a pasar el fin de semana con Uds. porque aquí encuentro mucha paz. Estoy solo este fin de semana. Mi esposa llevó al niño y la niña a Miami de compras. Ella se siente más segura allá que en los centros comerciales en esta ciudad. Además, según ella, hay mejor selección para escoger....No sabe Ud., Padre, como es el mundo real allá “afuera”. Hace poco entraron a nuestras oficinas y se llevaron todo. Gracias a Dios tenemos buenos seguros contra robos. Mis socios y yo vivimos con la preocupación constante de un asalto personal o el secuestro de algún miembro de la familia. Nuestra colonia está protegida con altas bardas y nadie entra sin ser identificado/a, además tengo un sistema de seguridad electrónica en las puertas y las ventanas de la casa; he contratado a cuatro elementos de seguridad privada para acompañar a mi hijo e hija cuando salen pero, aún así, vivo con el temor de que les pase algo.”

2. A otro de nuestros monasterios llega una joven como a las ocho de la noche, cuando la pequeña comunidad está comenzando a cenar. La conocen y la invitan a pasar. Tiene hambre, se ve asustada y aunque vive a unos dos kilómetros del monasterio, pide hospedaje por una noche. Nos cuenta, “Hermanas, estoy aquí porque necesito su ayuda. Esta tarde participé en una protesta pacífica en contra de las medidas de austeridad que ha implantado el gobierno. ¡Es que hay que hacer algo porque ya no podemos más! Simplemente en mi familia, yo perdí el trabajo la semana pasada. La maquiladora donde trabajaba se cerró porque la empresa va a llevar su producción a China. Uno de mis hermanos tenía un buen empleo de tiempo completo y le acaban de decir que si quiere quedarse en la compañía tendrá que aceptar una reducción a medio tiempo, sin las prestaciones con las que contaba. Él está pensando en buscar la forma de ir a los Estados Unidos para ganar un poco más y así apoyarnos. Las familias de mis compañeras y compañeros están en las mismas condiciones. Por eso cuando supimos que estaban organizando una protesta decidimos participar. Había varios hombres de Gobernación mezclándose entre la gente. ¡Se les nota a leguas! Después, cuando me despedí de mis amigas y venía para la casa me di cuenta que dos de ellos me estaban siguiendo. Ya había oscurecido y tenía miedo que me fueran a hacer algo. Estaba cerca del monasterio y sabía que aquí con Uds. estaría segura.”

3. Otro día, en otro monasterio tocan a la puerta. Es un hombre bien vestido que pide que se celebre la primera comunión de su hijita en la Abadía. “Ojalá que el Abad pueda celebrar la Misa y después me gustaría tener un desayuno en los jardines del monasterio. Pagaremos todos los gastos y, además haremos un generoso donativo a la Abadía. Enviaré elementos de seguridad para evitar cualquier incidente desagradable; ya que, como Ud. sabe, Padre Abad, en días pasados sufrimos una terrible pérdida”. Lo que había sucedido es que fue encontrado muerto el tío de la niña como resultado de un ajuste de cuentas entre grupos de narcotraficantes.

4. En otro país, en otro monasterio, llega una líder indígena a solicitar el uso de la hospedería para una reunión. Le comenta a la hermana hospedera: “Hermana, escogimos este lugar porque vemos que a Uds. les importa la naturaleza y las hemos visto mostrar interés por quienes están perdiendo sus tierras y por los cultivos nacionales que ahora tienen dueños extranjeros. También se interesan por lo que está pasando con las semillas tan nuestras que ahora pasan por la explotación transgénica. Tienen Uds., además, un terreno hermoso, bien cuidado, que habla de un gran respeto y sentido estético. No sólo quisiéramos utilizar sus instalaciones, sino que tenemos la esperanza de que Uds. nos apoyarán en nuestra búsqueda. Vamos a tener una reunión para tratar de encontrar formas de proteger los recursos naturales de nuestro país. Hemos visto que la globalización económica ha llevado a la lucha por el petróleo, el agua y la tierra y sus productos. Además, muchas empresas que han llegado a la región están contaminando de una manera impresionante el medioambiente. Nos parece que el despojo de los recursos naturales rebasa los límites de la sustentabilidad y la justicia social y que el peso de la globalización está aplastando nuestras tierras y pueblos. ¿Podemos tener nuestra reunión aquí el viernes de la próxima semana por la tarde? ¿Tendrán Uds. interés en participar con el grupo en la búsqueda de soluciones frente a la devastación ecológica?”

5. Es de noche. Las puertas del monasterio ya están cerradas con llave. Alguien toca el timbre y un hermano se asoma, a pesar de la hora. Afuera están una mujer con dos niñas y un niño pequeño. Ella está llorando y tiene una herida a la altura de la ceja del ojo izquierdo. El hermano la reconoce pues ha participado en algunos talleres de lectio divina con la comunidad. No vive cerca. Ha venido en camión de su barrio popular. “Hermano ¿nos puede acoger esta noche? Mi marido anda muy mal. No encuentra trabajo. Desde que ven su dirección en una solicitud de trabajo, le dicen que no quieren a gente de esa colonia tan pobre y violenta. Está desesperado. Hoy llegó a la casa borracho y comenzó a golpear a mis hijas. Yo traté de detenerlo y me dio una bofetada. Estoy esperando otro bebé y tengo miedo de perderlo. Salí corriendo y fui con mi vecina. No quise quedarme allí porque él me iría a buscar y haría daño a esa familia, pero la vecina me prestó dinero y me vine en autobús desde la casa. No tenía a dónde ir y pensé en venir aquí pues hemos reflexionado varias veces sobre lo que es la hospitalidad para Uds.”

6. Llega a la hospedería un sacerdote, pidiendo pasar unos días para orar y descansar. El hombre se ve agotado y durante su estancia comparte con la hospedera algo de su sufrimiento. Cuenta lo siguiente: “He intentado hacer del conocimiento de las autoridades eclesiásticas un caso de abuso sexual de niñas y niños de parte de un sacerdote muy reconocido en nuestra ciudad. Tengo múltiples pruebas; la situación es alarmante y, sin embargo, no encuentro una respuesta en mis hermanos encargados de estos asuntos. Me dicen que no puede ser; que es un sacerdote muy querido por la gente. Me dicen que es muy amigo del señor obispo; dicen también que tengo que ser leal a mi iglesia y no hablar de estas cosas que podrían ser causa de escándalo. En pocas palabras me piden que me olvide de esto. He investigado el caso a fondo. Tengo que hacer algo para proteger a esos niños y niñas y no sé a dónde acudir”.

7. Un día llega una oblata al monasterio para platicar con la hermana que la acompaña espiritualmente. Es una mujer dinámica y esperanzada por eso en esta ocasión se sorprende la hermana al ver su cara llena de angustia. “Hermana, ya sabe que hace varios años mi hijo mayor se fue para los Estados Unidos para buscar una vida mejor. Entró al ejército con la esperanza de sacar su tarjeta de residente y con eso conseguir la ciudadanía. Lleva casi un año en Irak. Dice que lo mandaron para luchar en contra del terrorismo y ha visto cosas terribles desde que está allí. Vive con el miedo permanente de que le alcance una de las bombas de los insurgentes...pero últimamente en sus cartas me ha hablado cada vez más de todos los horrores que causan los mismos soldados que se supone están allí para liberar al pueblo del terrorismo. Lo peor del caso es que, según el Presidente Bush, hay que seguir atacando el terrorismo en todo el mundo, pero cuando entra su ejército, en vez de mejorar las cosas, se empeoran. Mi hijo ya no cree en nada. Ha visto demasiados rostros de muerte, sobre todo en niñas, niños, gente anciana, mujeres embarazadas. Dice que ya no puede más...y le acaban de avisar que no puede regresar a casa el mes que entra, como estaba programado, sino que van a extender su estancia en Irak”.

8. Visita uno de nuestros Monasterios un grupo que está promoviendo un Diálogo Democrático Nacional y nos dicen: “Quisiéramos invitar a algunas monjas y monjes a participar en una reflexión para buscar qué hacer frente a la polarización que se está provocando en la sociedad. Ya ven que en la propaganda de radio y televisión durante las campañas políticas con motivo de las recientes elecciones no se ofrecieron tanto soluciones como ataques personales. La campaña fue sucia, atemorizando a la gente. Dijeron que el candidato de izquierda es un ‘peligro para el país’ y que incita a la violencia, porque abiertamente ha declarado que está a favor del pueblo pobre y en contra de las políticas neoliberales. Quienes simpatizan con la izquierda proclamaban la incapacidad de los otros candidatos para responder al creciente empobrecimiento y desempleo: ‘son los candidatos de los empresarios y del imperio Estadounidense’, afirmaban. Hasta hubo obispos y sacerdotes que durante las celebraciones dijeron a las personas que votar por ‘x’ candidato era atentar contra los valores morales. Ahora, después de la elección nos encontramos con que hay miedo, polarización y hasta odio entre la ciudadanía por sus diversas opciones políticas. Debido a esto estamos promoviendo este diálogo en el que cada quien pueda decir su palabra, escuchar y ser escuchada en un esfuerzo por lograr algunos consensos en favor del bien común que puedan ser presentados a las autoridades políticas.”

Estos ocho escenarios reflejan algunos de los múltiples rostros del creciente conflicto en nuestros países: el empobrecimiento, la delincuencia, el crimen organizado, el narcotráfico, la violencia institucional, la destrucción ambiental, la opresión de género, los abusos dentro de la institución eclesiástica, el terrorismo internacional y estatal, una democracia “con miedo a la democracia” fundada sobre el temor y el prejuicio que condena a los países a vivir en atmósferas de tensión y desasosiego, mientras niega su principal obligación: garantizar los derechos básicos de alimentación, vivienda, salud, educación, seguridad, respeto a la dignidad de cada persona, etc.

2. Un sencillo análisis de la realidad a partir de los escenarios
Para entrar en diálogo con estos huéspedes potenciales, conviene recapacitar sobre los lazos que unen las diversas situaciones que están viviendo.

Nuestra realidad latinoamericana a principios del siglo XXI es muy compleja. Al desvanecerse las dictaduras militares en varios países en las últimas décadas del siglo XX, surgió una gran esperanza en los nuevos sistemas de democracia representativa. La instauración de la democracia se hizo casi paralelamente a la sustitución del modelo desarrollista de acumulación capitalista por el modelo neoliberal. Paradójicamente, el neoliberalismo camina en sentido contrario a lo que es la democracia en su definición mínima: el conjunto de reglas, valores e instituciones que garantizan la existencia de la ciudadanía.

Los escenarios no son cuentitos desconectados de la realidad, sino un espejo que refleja la vivencia de millones de personas, cuyas experiencias de la violencia están interrelacionadas. El neoliberalismo es el nuevo contexto de la violencia que hoy se vive en América Latina, porque:
  • Ha aumentado la brecha entre la poca gente cada vez más rica y las/os millones de empobrecidas/os. A pesar del crecimiento económico global que ha estimulado el modelo neoliberal, entre 1970 y 2000 los pobres aumentaron en 200 millones aproximadamente. La tendencia sigue: en la última década la gente más pobre del mundo ha sufrido una caída del 73% en la participación de los beneficios del crecimiento económico. Al agudizarse la injusticia social se da un aumento en los conflictos sociales. Más importante aún, no hay mayor violencia que la que generan las condiciones de pobreza. La pobreza en sí es la forma más temible de violencia, aunque la más sorda también. Después de todo los que se mueren de hambre no hacen escándalo.
  • En el modelo neoliberal, el Estado se debilita. Se dedican pocos recursos a las áreas de educación, salud y bienestar. Se reducen o eliminan los programas de prevención de la delincuencia. Se crean los vacíos por donde se cuelan el narcotráfico, el crimen organizado y la delincuencia. Los mismos estados que fueron implacablemente eficientes en la represión hoy parecen incapaces de enfrentar el crimen organizado y la delincuencia común.
  • En estas circunstancias se multiplican los movimientos y las protestas populares. La gente que ha vivido en la pobreza desde antaño, se une con las/los nuevas/os pobres, (personas de clase media que han perdido lo que tenían por el desempleo, el cierre de pequeñas y medianas empresas, las alzas de precios, la retención de ahorros, la reducción de pensiones etc.) para exigir sus derechos humanos básicos. En América Latina entre 1996 y 2001 hubo 281 campañas de protesta contra la austeridad impuesta por el modelo neo-liberal.
  • La globalización neoliberal lleva consigo el propósito de algunas corporaciones y algunos países de controlar y explotar al máximo, los recursos naturales. Esta tendencia humana no es nueva, pero hoy en día por primera vez tenemos la tecnología para llevarla hasta sus últimas consecuencias. Estudios científicos nos dicen que si las naciones y los grupos con más recursos siguen produciendo, consumiendo y desechando productos al paso que van, sin preocuparse por el cuidado de la naturaleza, probablemente destruiremos la vida en esta tierra para el año 2050.
  • Esta violencia ecológica va de la mano con la violencia de género. Desde hace varios milenios, los patriarcas han ejercido control y dominio sobre las criaturas que consideran inherentemente inferiores. Tal actitud y ejercicio niega la dignidad de las mujeres y la integridad de la tierra, a la vez que hace daño incalculable a las dos. Desgraciadamente el modelo neoliberal no ha corregido estos abusos; al contrario, con frecuencia los ha refinado y perfeccionado.
  • Por último, hay que decir una palabra acerca de la violencia que existe dentro de la Iglesia institucional. Esta violencia tampoco es un fruto directo del contexto neoliberal. Son de todas y todos conocidos algunos capítulos de la historia de la Iglesia con sus “guerras santas” y “santa inquisición”. Hoy en día no se da la violencia física dentro de la Iglesia, sin embargo la violencia que se vive en la Institución eclesiástica es especialmente dolorosa, porque en el Concilio Vaticano II habíamos vuelto a un modelo bíblico de iglesia, como pueblo de Dios, sacramento del Reino, iglesia de comunión.
En ese modelo las relaciones entre los carismas parten del objetivo de los mismos que es el de favorecer la unidad en la diversidad. Las distinciones no se tienen primordialmente por el orden jerárquico sino por el tipo de servicio. Este modelo de iglesia exige un modo nuevo de ejercer la autoridad. Por desgracia, en el período posconciliar, el discurso teórico en esta línea está siendo frecuentemente desmentido por una praxis eclesial caracterizada por un creciente centralismo, autoritarismo, dogmatismo y juridicismo generadores de exclusión al estilo del modelo anterior de iglesia-sociedad perfecta.

Esta forma de proceder que con frecuencia llama a una “comunión” que no respeta la diversidad ni la dignidad de la persona sino que exige la sumisión ciega y el silencio en vez del diálogo, ha vulnerado y hasta roto a muchas hijas e hijos leales de la Iglesia.

3. Desafíos que cuestionan nuestra creatividad y audacia evangélicas
Nuestra tradición judeo-cristiana afirma que la paz será obra de la justicia y el fruto de la justicia la tranquilidad y la seguridad para siempre (Is 32, 17). También nos dice que Cristo es nuestra paz porque ha propiciado la unidad derribando el muro de la enemistad que dividía a los pueblos (Ef 2, 14).

Estos dos versículos de las Sagradas Escrituras, uno del Antiguo Testamento y otro del Nuevo Testamento, nos revelan los desafíos que piden una respuesta para la construcción de la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento (Fil 4,7)

3.1 El primer desafío para construir la paz es trabajar por la justicia
La justicia implica, en primer lugar, el reconocimiento y respeto a la igual dignidad de todas las personas garantizándoles sus derechos humanos básicos: alimento, vivienda, vestido, salud, educación, tiempo recreativo, etc. Para quienes profesamos la fe cristiana esa dignidad hunde sus raíces en la convicción de que cada ser humano es imagen y semejanza de Dios.

Esto implica, así mismo, la equidad. Los textos bíblicos nos revelan que preparar el sueño de Dios es poner en acto el poder del amor Divino que es un poder que iguala,

Según está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: voz que grita en el desierto: preparen el camino de Dios, enderecen sus sendas. Que se alcen todos los valles y se rebajen todos los montes y collados; que se allanen las cuestas y se nivelen los declives. Porque va a mostrarse la gloria de Yahvéh y a una la verá toda carne. Porque ha hablado la boca de Yahvéh. (Lc 3, 4-6; Is 40, 3-5).

En esta misma perspectiva nos ayuda a reflexionar Don Bernardo Olivera, ocso. El Magnificat es la continuidad de ese anhelo de Dios,

El sentido general del texto puede ser presentado con estas pocas palabras: alegría en la revolución de Dios y testimonio de su preferencia por la gente pobre y sencilla. O con estas otras: acción de gracias o himno de alabanza a Dios salvador que, con las grandes cosas realizadas en María, trastoca definitivamente las relaciones de grandeza y de fuerza que imperan en el mundo. En definitiva se trata del canto más tierno (el misericordioso que mira la pequeñez...) y más fuerte (el poderoso que revoluciona las relaciones) del Nuevo Testamento... Notemos que en esta revolución de Dios, cantada por María, no hay revanchismo posible: ¡los pobres y humildes no ocupan los tronos de los poderosos y potentados! (Más bien, se acaban los tronos) ¡Ni siquiera María, a cuyo hijo se le promete el trono de David (Lc 1,32), aspira a ocupar un trono! Ni el mismo Jesús que, antes bien, se revela desde la kénosis (Fil 2,6-11)... En definitiva, la inversión de situaciones, tan propia del actuar revolucionario de Dios en la historia, tiene por meta... que todos/as nos convirtamos en seres humanos, hijas e hijos de Dios y hermanas y hermanos... nuestro testimonio permite dar a conocer que Dios no es un Dios de muertos sino de vivos y que se vuelca en amor misericordioso ahí en donde encuentra cualquier tipo de miseria, miserias opresoras y miserias oprimidas.

Así pues, asegurar el respeto a los derechos humanos básicos de las personas y construir la equidad son dos principios fundamentales para la actualización de la justicia.

3. 2 Del idoloclasmo a la automanifestación icónica de Dios
Otro desafío urgente es responder creativamente a la pregunta de ¿Cómo ofrecer una alternativa de liberación frente a la escalada de esclavitudes a que se ve sujeta gran parte de la humanidad? Cada vez resulta más evidente que sosteniendo los devastadores efectos de la Globalización neoliberal se encuentra la idolatría, es decir, la manipulación de Dios y de las conciencias humanas. Los mecanismos de muerte no parecen tener ninguna intención de revertirse, sino que pretenden mantener su ritmo y acrecentarlo desviando en todo la atención de lo que realmente importa: la vida en abundancia de todas las personas.

¿Sobre qué imagen de Dios se pueden sostener los crecientes conflictos que atentan contra la humanidad?: guerras e invasiones; atropello de los derechos de las personas por su color de piel, nacionalidad, etnia, género, edad, religión, etc.; permanente violencia y abuso contra mujeres, niñas y niños que pretenden quede ahogada en el silencio del encubrimiento; arbitrariedades y amenazas a la libertad que intentan justificarse bajo el patriotismo y la promoción de una cultura del miedo y del odio en la irresponsable creación de supuestos enemigos que ponen en peligro a la humanidad; la violenta arrogancia globalizadora neoliberal que enarbola los intereses de la acumulación económica como valor primordial y cobija con la impunidad los despojos a los pueblos y a las mayorías necesitadas; las consecuencias de la complicidad de algunas autoridades eclesiásticas con los poderes políticos que se desentienden de la justicia social a cambio de una supuesta salvaguarda de valores como el matrimonio heterosexual y la prohibición del aborto.

Simone Weil, filósofa francesa del siglo pasado, reflexionó sobre la deconstrucción misma de los falsos dioses, el idoloclasmo, como condición sin la cual no es posible crear el espacio donde se manifieste la gracia. La destrucción de los ídolos es una condición necesaria para la recepción de la automanifestación icónica de Dios.

Para Weil, este proceso es la kénosis, el vaciamiento de todo privilegio que se cimienta en el despojo de los derechos de las otras personas. Racismo, clasismo y sexismo son despojos de las identidades ajenas. Se hace necesaria una ruptura con nuestras ambiciones de poder y riqueza, que nos ciegan y ensordecen; un soltar o desprenderse de las falsas consolaciones, ilusiones y fantasías del ego en su voluntad, motivos y deseos. Estas se expresan en nacionalismos, eurocentrismo, colonialismos, y, agrego, en sus actuales formas de exclusión del neo-imperialismo que se ha fabricado un nuevo enemigo, el terrorismo, bajo cuyo pretexto invade y destruye sin considerar límite alguno. El proceso de vaciamiento implica una limpieza de todo ídolo, incluyendo muchas de nuestras concepciones de la Divinidad misma. Este proceso nos conduce de la idolatría al icono según Weil. La idolatría es el mecanismo de control que sostiene y promueve la opresión. Esto perpetúa la herida de la identidad, del no saber finalmente quien se es, más allá de algo deshumanizado, una cosa devaluada para usar y desechar. Y una vez convencidos de esto, la sumisión por una parte y la insensibilidad por la otra, perpetúan tales condiciones y las agravan.

A este desafío se puede responder promoviendo procesos que permitan la automanifestación icónica de Dios. Con eso se podrá lograr desenmascarar a esos ídolos que hemos creado y que son fruto de inseguridades y miedos introyectados por quienes ostentan dominio y control sobre las personas y los pueblos.

3.3 La emergencia de la diversidad cultural y valoral por tantos siglos contenida
Otro desafío que reclama respuestas audaces es la diversidad que nos conforma como humanidad. La pluralidad y diversidad han sido negadas, contenidas por las normativas que establecieron lineamientos que distancian en reconocimiento y valoración a clases, géneros, razas, etnias, edades, y determinan la legitimidad de su perspectiva ética, estética, moral, etc. Esta diversidad contenida emerge, se pronuncia, busca ocupar su lugar en la sociedad y en las iglesias. Al emerger cuestiona tendencias centralistas, excluyentes, y deslegitimadoras de lo diferente, y dice, así mismo, una palabra sobre las incapacidades impuestas para responder creativamente a la recreación de identidades despojadas, humilladas, silenciadas.

La actitud de quienes buscan la paz pone de manifiesto su reconocimiento y respeto al hecho de que cada persona es única y que la humanidad y todo lo que existe es una en multiplicidad de expresiones. Esto revela el maravilloso misterio que hace posible el milagro del amor que es el reconocer con júbilo que la pluralidad y diversidad son lenguajes del Espíritu, fuente de relaciones e identidades fecundas. De esta manera, el gemido que parecía imperceptible, de la presencia negada de lo diverso se vuelve canto y poema que rescata y hace explícito el derecho inalienable de pertenencia a razas, cosmovisiones, valores y culturas diferentes. La diversidad cultural y valoral se vuelve así una proclamación, una cosmovisión, una esperanza que acaricia con ternura infinita las profundas raíces inviolables que le dan vida.

Confrontar las relaciones e identidades impuestas, fabricadas, irreales, ficticias en las que hemos sido atrapadas/os por quienes han decidido cuales son las formas válidas, reconocidas, es cuestionar al poderoso imperio que lleva el germen de su propia decadencia en las exclusiones sobre las que ha pretendido edificarse.

Es aquí donde sitúo la posibilidad de respuesta a una de las crisis actuales mas serias de la sociedad en general y de la Iglesia Católica en particular. No se sabe qué hacer con la pluralidad cultural y con la diversidad valoral. Se insiste en reducirla a una limitada cosmovisión. Considero que el reconocimiento que afirma y expresa que somos unidad en multiplicidad de expresiones, es un camino para hacer posible los acercamientos y diálogos necesarios para crear posibilidades reales de reconciliación y comunión.

Las sociedades y las iglesias siguen atrapadas en teorías que afirman la naturaleza inferior de diversos grupos a quienes consideran “por naturaleza” y “designio divino” menos humanos que otros. El colonialismo y su agresiva violencia siguen vivos. Es mas, hay una melancolía post-colonial que insiste en poner valores morales sobre la subordinación, confinamiento y destrucción de los cuerpos racial, social y genéricamente diversos. Así lo hicieron los imperios del pasado, así lo llevó a cabo Hitler, e igual línea sigue el poder imperial actual y sus instituciones.

Los tiempos que corren ensanchan la conciencia al reivindicar las diversidades existentes desde siempre, pero negadas o utilizadas para discriminar. A este desafío se le puede responder desde actitudes y disposiciones que reconozcan la diversidad propia del grupo al que se pertenece por una parte y la ajena por la otra. Así se posibilita la creación de nuevos saberes que se aprenden desaprendiendo la epistemología restringida a conceptos dualistas, en oposición y jerárquicamente constituidos.

Es importante, también, imaginar y actualizar creativamente nuevas formas de convivencia donde la pluralidad y diversidad humana no sean descalificadas ni amenazadas.

3.4 Hacia una espiritualidad de la resistencia, la creatividad y la adultez
Una miopía cultural ha atrapado a personas e instituciones ya que quienes cuestionan la hegemonía de los “valores” y tendencias de la globalización, son consideradas inmaduras, sin visión, o simplemente fuera de contacto con la realidad. De ahí que exista tan poca, por no decir nula, creatividad para proponer transformaciones reales frente a los atropellos que sufre la humanidad.

Frente a ese desafío se propone: resistencia, creatividad y adultez.

Algunos sectores de la población mundial están pensando más por sí mismos, y sacudiéndose las culpas que les mantenían co-dependientes de los viejos paradigmas. Se vuelven pro-activos para rediseñar sus realidades personales y sociales. Cada vez más gente deja de mirar hacia las altas esferas en busca de sabiduría y dirección, ya que por sí mism@s y en redes informales imaginan y actualizan creativamente un mejor futuro.

La Vida Monástica puede responder a esto reflexionando sobre su ser y hacer en la historia. Dejando atrás la comprensión de su identidad por contraste generada por el sistema de pureza/impureza; superioridad/inferioridad; perfección/imperfección, reconociendo la fragilidad y vulnerabilidad propias, igual a la de cualquier otro ser humano. De esta manera, en algunas comunidades se están preñando caminos desde la construcción de la equidad, humanizando las relaciones. Descansando en estas nuevas disposiciones y constatando que no tiene todas las respuestas, la Vida Monástica se sitúa de una manera nueva que le permite reformular su responsabilidad moral. Esto le exige madurez ética. Reconoce que hay un imperativo impostergable que es el llamado a rendir cuentas sobre sus propias conductas y acciones que afectan la integridad de otras personas. A veces en la vida monástica enfatizamos una obediencia inmadura que sofoca el desarrollo de la creatividad tan indispensable para ser levadura en la masa del pan que alimente a una humanidad hambrienta física y espiritualmente.

Así, resistencia, creatividad y adultez se dan la mano para abrir posibilidades que permitan a la Vida Monástica frente a los escenarios emergentes ser recreada para participar en la transformación de las sociedades.

3.5 Ver y escuchar: actitudes cristianas indispensables
Nuestras comunidades monásticas necesitan urgentemente una sana y honesta reflexión autocrítica respecto a las formas en cómo la propia comprensión de Dios, de la humanidad y del cosmos, así como nuestro particular estilo de vida, modo de proceder y relaciones, promueven y, de alguna manera, refuerzan, las injustas y miserables condiciones que millones de personas están enfrentando cotidianamente en estos tiempos. De la mano con esto, es importante reconocer el potencial que emerge de las raíces evangélicas.

Ver y escuchar son las actitudes con que las Escrituras desafían a las personas que están de alguna manera relacionadas con estructuras de poder de cualquier índole. En el ver y escuchar se compromete todo el ser cristiano. Mediante estas actitudes permitimos que las entrañas sean tocadas por la realidad de aflicción y exclusión de manera que genere dinamismos de vida. La mística proporciona otros ojos que están conectados con la compasión entrañable, que ve y que siente y que responde proféticamente de manera afectiva y efectiva a la realidad sufriente.

La gente concentrada en mantener los poderes de control y de dominio (económicos, políticos, religiosos etc.) sobre las demás personas tienen ojos, pero no quieren ver, y oídos, pero no quieren escuchar. Desde estas actitudes de negación se promueve la idolatría y se genera un falso misticismo, a la vez que se descalifica y persigue o se pretende someter a la actitud profética. Son ojos y oídos cerrados que buscan salvar privilegios a los que no se está dispuesto a renunciar, aún y cuando tales renuncias permitirían preñar formas más humanas de interrelación.

La actitud mística será, pues, la disposición de ver y de escuchar. La actitud profética es su natural continuidad: la propuesta alternativa práctica, la transformación, el cambio concreto.

En los escenarios que manipulan la realidad, la actitud idolátrica es muy clara: diluye el sentido ético y nos enreda en una dinámica de muerte en la que parecemos dispuestas a creer lo que sabemos que es erróneo y a hacer lo que sabemos que no es recto. La justicia y la misericordia que han de testimoniarse en la integridad y transparencia personal y social son requisitos para el diálogo y la comunión. No se puede exigir una “comunión” que traiciona la verdad y la justicia aludiendo a cuestionados sentidos de lealtad como exigencia de reconocimiento y legitimación. Si aceptamos esto nos volvemos cómplices de un sistema de muerte y nos equiparamos a la cultura del encubrimiento vergonzante.

No querer ver y no querer escuchar, esas son las más peligrosas y devastadoras actitudes. Una ceguera y sordera deliberadas, con el propósito consciente o inconsciente de mantener privilegios y beneficios que podrían ponerse en juego de lo contrario. Ese es el centro de la corrupción y de la idolatría que nutren actitudes inmorales y son la base en que se sustenta la complicidad con la injusticia. Ellas son el subsuelo de la miseria humana. Esas actitudes se resisten a la autocrítica, se cierran herméticamente al diálogo y promueven polarizaciones y enfrentamientos.

Las personas se vuelven como los ídolos a quienes rinden culto:

Tienen boca y no hablan; ojos y no ven;
orejas y no oyen; nariz y no huelen;
sus manos no palpan; sus pies no andan;
no sale de su garganta un murmullo. (cfr Salmo 113,112, 5-7)

Diluir el sentido de la ética. Eso es característico del interés económico, de los poderes de control y de dominio. Lo que contrarresta esto es una permanencia adulta y crítica que se resiste a participar de tales mecanismos. Ahí reside uno de los sentidos de la identidad místico-profética, un acercamiento a lo que originalmente significó aquella huída del mundo de la gente cristiana, el estar en medio de mecanismos de muerte pero sin ser parte de ellos, manifestando una creativa inconformidad e indignación sustentadas en una conciencia crítica, responsable, honesta, íntegra y transparente.
4. Conclusión: para mantener abierto el diálogo

Volviendo, pues a los escenarios con los que comenzamos y a la luz de la reflexión posterior, les invitamos a plantearnos las siguientes preguntas:
  • ¿Cuál de estas personas o grupos se animarán a venir a nuestro monasterio, expresar su dolor y pedir nuestro apoyo? ¿Qué nos indica nuestra respuesta?
  • ¿Podrán esperar hallar en nuestra hospedería un espacio de paz evangélica, fruto de una comunidad que siembra la justicia y la misericordia en todas sus actitudes y acciones?
  • ¿Su encuentro con Dios en medio nuestro, será un encuentro con la compasión y el amor sanador que restaura la dignidad personal y abre caminos nuevos de convivencia reconciliada y responsable?
  • ¿Encontrarán en nuestros monasterios a comunidades encerradas dentro de las barreras sociales impuestas por el modelo neo-liberal y la rigidez moral del neo-fundamentalismo religioso? o ¿Hallarán una apertura a la diversidad cultural y una capacidad de diálogo con personas y grupos que nos desafían a ampliar nuestro horizonte valoral?
  • ¿Nos descubrirán viviendo con una sencillez que desafía la sociedad de consumo y trata la tierra y todo lo que contiene como “vasos sagrados del altar”?
  • ¿Encontrarán a una comunidad muy ortodoxa y obediente, pero con poca creatividad para responder a los nuevos retos que plantea la sociedad del siglo XXI?
Invitamos a cada quien a completar la lista de preguntas y a seguir el diálogo imaginario con las/los huéspedes que presentamos tocando a nuestras puertas, en el primer inciso.

Consideramos que la realidad mundial y la de América Latina y el Caribe en particular, plantea grandes desafíos a la vida monástica. Vivir el Reino nos lleva a rehacer el tejido de las relaciones humanas y reconstruir la comunidad. Nuestra vida comunitaria debe revelar el rostro materno, amoroso y acogedor de Dios al pueblo, sobre todo el pueblo pobre. Si vivimos la hospitalidad, si compartimos lo que somos y tenemos, si nuestra oración y nuestra mesa están abiertas a las/los demás, si reflejamos la acogida, cuidando de manera especial a las/los excluidas/os, si favorecemos el diálogo, abriéndonos a recibir el don que cada persona y grupo quiere aportar, sin ignorar las diferencias, podremos responder desde lo más profundo de la vocación monástica, a los desafíos actuales.

Anhelamos que la palabra PAX permanezca a la puerta de nuestros monasterios y que no sea un símbolo vacío, un recuerdo del pasado, una señal de entrada a un museo monástico, sino una invitación para que la gente que entre encuentre allí a personas que se esfuerzan por responder a la gracia del Reino de Dios; a personas que de manera comprensible y significativa para el siglo XXI, manifiestan la justicia, la paz y el gozo en el Espíritu.

Patricia Henry, osb
Maricarmen Bracamontes, osb
Monasterio Pan de Vida
Torreón, Coahuila, México


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